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La producción ovina estuvo orientada
esencialmente a la producción de lana. La majada
nacional alcanza actualmente a 13 millones de
lanares, distribuidos en todo el territorio
nacional, pero con énfasis en los suelos
superficiales de basalto y cristalino. El stock se
compone por las siguientes categorías: 45% ovejas de
cría, 6% ovejas para consumo, 18% capones y
borregos, 27% borregas y 4% carneros y corderos. En
los períodos en que la lana presentaba sus mejores
precios el ingreso de los productores derivado del
rubro lanar correspondía en un 70% a la lana y un
30% a la carne ovina.
En la actualidad a consecuencia de los precios
deprimidos de la lana a nivel internacional y local,
y de promociones específicas para la producción de
carne ovina, los ingresos del rubro lanar que
reciben los productores se dividen equitativamente
entre carne y lana. La estructura racial de la
majada muestra una predominancia de la raza
Corriedale (70%), seguida de la Ideal (11%), la
Merino Australiano (10%), mientras que el 9%
restante se compone de Merilin, Lincoln, Romney
Marsh y cruzas. La extracción total se compone de la
faena y de las exportaciones en pie, ubicándose el
promedio de los últimos años en el entorno de los 4
millones de cabezas. Las exportaciones de carne
ovina han sido en general muy variables entre años,
dependiendo de diversos factores como los precios de
la lana, los mercados, y las estrategias de
crecimiento del stock por parte de los productores.
En promedio las exportaciones se
sitúan en las 15.000 toneladas de peso carcasa,
generando un ingreso de 23 millones de dólares.
Los principales mercados destinatarios de la
carne ovina son la Unión Europea, Brasil y Arabia
Saudita. La composición de las exportaciones
muestran un componente importante de carne ovina
desosada, siendo el principal destinatario de ellos
la Unión Europea.
Las exportaciones de ganado ovino en pie,
fundamentalmente de capones, han tenido como destino
tradicional a los mercados del Medio Oriente, siendo
Arabia Saudita el principal comprador, y
exportándose cantidades crecientes que han
promediado las 300.000 cabezas para el período 1990
-1999.
En lo referente a la lana, hay 12 plantas de
peinado de lana de última generación. La industria
topista uruguaya es de las más modernas del mundo y
puede absorber todo lo que se produce en el país y
más. En efecto, la industria uruguaya demanda
materia prima de Chile, Argentina, Brasil y Oceanía.
En los últimos años se ha exportado más de lo
producido. La industria topista esta integrada por
capitales nacionales asociados a empresas
internacionales de primer nivel que aportan
tecnología de última generación. El 80% del producto
exportado es en forma de tops.
Las exportaciones de lana alcanzan actualmente a
los 75 millones de kilos generando ingresos por 245
millones de dólares.
Si bien en términos globales la oferta uruguaya
tiene una baja ponderación, en lo que refiere a lana
tipo Corriedale, la oferta uruguaya constituye el
25% del comercio mundial de esta categoría.
Desde el punto de vista de las políticas
específicas, se debe destacar que es un sector
absolutamente desregulado.
En la actualidad la crisis por la que atraviesa
el mercado mundial de esta fibra ha determinado que
se registren los precios más bajos en la historia de
este producto, lo que le ha impedido evidenciar su
comportamiento en este marco de apertura económica.
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